Dejar atrás el pasado

Dejar atrás el pasado

Es normal, a veces, echar la vista atrás y preguntarnos: «¿Qué habría pasado si…?» o decir: «Ojalá…». A lo largo del camino, puede que se nos acumulen los remordimientos y recordemos las oportunidades perdidas, centrándonos a veces más en el pasado que en el futuro.

Recordar esas experiencias puede ser constructivo, ya que nos ayuda a cambiar y a ser mejores.[1] Pero centrarnos demasiado en el pasado puede ser como salir a dar una vuelta por el campo y acabar dando vueltas una y otra vez alrededor del mismo punto de referencia.

Dejar atrás el pasado puede ser difícil. Pero a medida que damos los pasos necesarios para alejarnos de esos viejos patrones viciosos que nos llevan una y otra vez por los valles de nuestros errores, encontramos la alegría. Disfrutamos de la belleza de los nuevos comienzos, las nuevas fronteras y los nuevos retos. El pasado, ahora en el retrovisor, se convierte en un maestro en lugar de un amo.

Pero no basta con limitarte a olvidar el pasado. Si no lo superas, la culpa sigue ahí. Hacer todo lo que podamos para enmendar el pasado nos permite seguir adelante, sin ataduras ni cargas. Con el tiempo —aunque el remordimiento pueda persistir—, con la ayuda de Dios, nuestra culpa se desvanece.

Como dijo una vez Charles Spurgeon: «El arrepentimiento es deshacerse de la basura del pasado».[2] Desarrollamos «una ternura de arrepentimiento… y un deseo santo por el futuro».[3]

Al igual que el apóstol Pablo, cuando nos arrepentimos de los errores del pasado y nos centramos en el futuro, podemos librarnos del aguijón de «lo que queda atrás y [avanzar] hacia lo que está por venir».[4]

Para dejar atrás el pasado, tenemos que corregir lo que podamos. Pagar ese precio —haciéndolo lo mejor que podamos— permite que el camino sinuoso por el que quizá hayamos estado yendo se enderece y, con la ayuda de Dios, nos lleve hacia nuevos horizontes. Entonces nos damos cuenta de que es hora de seguir adelante. «Sean cuales sean los errores que hayamos cometido, las deudas que hayamos contraído o los deberes que hayamos pospuesto, nuestra única salida está por delante».[5]

Ojalá podamos centrarnos en el futuro corrigiendo primero lo que podamos del pasado. Así podremos seguir adelante con una confianza renovada, dejando que el pasado sea nuestro maestro y no nuestro amo.

[1] Véase el comentario de Juan Calvino sobre Filipenses 3:13, Bible Portal, bibleportal.com.
[2] Charles H. Spurgeon, «Christ’s First and Last Subject», Christian Classics Ethereal Library, ccel.org/ccel/spuregon/sermons06.xxx.html
[3] Charles H. Spurgeon, «El cielo que anhelan», Christian Classics Ethereal Library, ccel.org/ccel/spurgeon/sermons58.xxxiv.html
[4] Filipenses 3:13, Nueva Versión del Rey Jacobo.
[5] Richard L. Evans, «Rearview Living», 16 de julio de 1950, richardlevans.org.


27 de septiembre de 2026. «
», emisión n.º 5.063

Coro del Tabernáculo
Orquesta en la Plaza de Tempe

Director
Mack Wilberg

Organista
Richard Elliott

Anfitrión
Derrick Porter

«Venid, naciones de la tierra»
Melodía de himno alemán; arr. Mack Wilberg

«Aleluya» de Cristo en el Monte de los Olivos
Ludwig van Beethoven

«Marcha rústica noruega», de «Piezas líricas», op. 54
Edvard Grieg; arr. Richard Elliott

«Be Thou My Vision»
Melodía tradicional irlandesa; arr. Mack Wilberg

Te damos las gracias, Señor, por este nuevo día
Mack Wilberg

«One Person», del álbum «Dear World»
Jerry Herman; arr. Ryan Murphy

«Thou Gracious God, Whose Mercy Lends»
Antigua melodía británica; arr. Mack Wilberg